Ecología Política XXI

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Reseña “La Europa Cosmopolita” de Ulrich Beck

En esta entrada se publica la reseña del libro “La Europa Cosmopolita” escrito por Ulrich Beck (ed. Paidós, 206) y debatido en la séptima sesión del Club de Lectura (marzo 2014). La reseña ha sido elaborada y radiada por Miguel Yagües.

Para un mayor conocimiento sobre cosmopolitismo recomendamos el blog Escuela Cosmopolita: http://escuelacosmopolita.wordpress.com/bibliografia-cosmopolitismo/

RADIO

Puedes escuchar la reseña en el programa de radio “Verde que te Quiero Verde” de Getafe Voz. Si bien la reseña se encuentra a partir del minuto 40:30, recomendamos siempre se reproduzca el programa entero por lo interesante de sus contenidos.

Enlace: http://www.ivoox.com/verde-te-quiero-verde-28032014-audios-mp3_rf_2971987_1.html?autoplay=1

RESEÑA POR ESCRITO

 La obra que se abordó en el pasado Club de Lectura fue “La Europa cosmopolita”, de Ulrich Beck. Esta obra completa la trilogía “Realismo cosmopolita”. La primera fue “Poder y contrapoder en la era global” y la segunda “La mirada cosmopolita o la guerra es la paz”.

En el prólogo de la obra, Beck afirma que la UE se ha convertido en un sistema obsoleto e incomprendido. Ante este panorama, la noción que fundamenta la ampliación de Europa  hacia el Este, debe ser en última instancia, la visión cosmopolita.

La obra está dividida en una serie de capítulos que abordan temas tales como la definición del cosmopolitismo; la entrada en la segunda modernidad; la constitución de un imperio poshegemónico; el cosmopolitismo occidental; o el valor de la reconciliación entre las naciones.

I

Inicia la obra Beck afirmando, que la falta de una autoconcepción nacional a nivel europeo, ha provocado que no exista Europa, sino lo que el autor denomina “europeización”. Dicha europeización no nació de un acuerdo predeterminado resultado de un entusiasmo idealista. La unión de Europa fue consecuencia de un cálculo racional de intereses. En este sentido, la creación de la CECA tenía por principal objetivo evitar el estallido de futuras guerras. Es por ello, que la corriente cosmopolita se ha desarrollado bajo la “lógica de las consecuencias indirectas”: no han sido determinadas decisiones políticas las que han configurado el cosmopolitismo europeo, sino que han sido las resoluciones judiciales del Tribunal Europeo de Justicia, las que adoptando una fundamentación holística, han introducido el cosmopolitismo en Europa.

¿Qué es el cosmopolitismo? El cosmopolitismo es la valoración positiva de la diferencia, cuyos principios fundamentales son la tolerancia, la legitimidad democrática y la efectividad. Además, el cosmopolitismo, se diferencia del universalismo, el nacionalismo y el multiculturalismo en que su esencia reside en el reconocimiento de la diferencia. La máxima del cosmopolitismo no es “o esto o eso”; es “no sólo sino también”. La Europa cosmopolita, en definitiva tiene una doble vertiente. Es un constructor teórico y una visión política.

Por otra parte, la creación de la UE ha dado pie a la entrada de una Segunda Modernidad. La transición de la primera a la segunda modernidad no ha sido un proceso brusco sino que se ha llevado a cabo mediante un “metacambio”. Europa se ha autotransformado. Esa autotransformación ha venido auspiciada por la sociedad del riesgo y la globalización, que ha exigido a los Estados resolver los problemas de manera colectiva.

Europa, según Beck, tiene de cara al exterior dos funciones: Por una parte, sirve de modelo para procesos de integración regionales; por otra, sirve de motor para el establecimiento de nuevas posibilidades de regulación global.

La integración europea, que ha desembocado en la Segunda modernidad, ha estado marcada bajo un proceso de “revolución permanente”, que ha conjugado un proceso revolucionario, asentado en decisiones claves; con un proceso evolutivo, caracterizado por el desarrollo que las instituciones europeas han prestado a la consolidación de Europa.

Europa, señala Beck, se constituye como un “Imperio poshegemónico”, cuyos fundamentos son la deslimitación nacional, la libre voluntad, el consenso, las interdependencias nacionales y el valor político añadido.

La creación del Imperio europeo, no se ha forjado mediante la guerra, sino a través de la pluma y la tinta. El Imperio se ha sustentado bajo el carácter volitivo, el consenso y la cooperación entre los Estados. El resultado ha sido la transición de una soberanía absoluta clásica, a una soberanía compleja y compartida.

Mediante el transcurso de la europeización hacia un Imperio, los Estados nacionales se han convertido en Estados transnacionales y la interdependencia entre ellos ha ocasionado un mayor grado de confianza.

Beck afirma que ya existe un cosmopolitismo materializado, es decir, un “realismo cosmopolita”, el cual aglutina a lo que se conoce como Occidente y que comprende las alianzas entre Europa y Estados Unidos. Este cosmopolitismo es un contrato social transnacional que beneficia a todos los actores, el cual, se encuentra basado en la cooperación con el fin de superar los egoísmos nacionales. La cooperación no obedece a ningún idealismo, sino al principio de maximización de los intereses nacionales.

Por último, el milagro europeo a partir del cual, se ha constituido la UE no ha sido otro que el de la “reconciliación” entre las naciones que participaron en la II Guerra Mundial. Precisamente, la experiencia de la reconciliación europea puede ser exportable a otras regiones del globo mediante la creación de instituciones que fomenten la cooperación y la confianza.

Beck afirma que para contrarrestar el unilateralismo norteamericano, existe lo que él denomina “European way”, una alternativa dirigida a abordar los dilemas de seguridad compartidos basados en el derecho, la igualdad política, la justicia social, la integración cosmopolita y la solidaridad.

II 

El libro de Beck fue publicado en 2004. Desde entonces, en los últimos 10 años, las relaciones internacionales han experimentado un brusco cambio. Europa ha perdido poder de influencia entre otros motivos por la crisis económica que ha afectado al continente o al mayor protagonismo que han adquirido en la esfera internacional los Estados emergentes como los BRICS. ¿Cómo afecta este nuevo marco al cosmopolitismo, a la segunda modernidad y a la concepción tradicional del Estado-nación?

En efecto, a la obra de Beck se le puede achacar cierta obsolescencia en sus argumentaciones por las dinámicas que han experimentado las relaciones internacionales en la última década. La obra fue publicada en 2004, en el contexto de la ampliación a la Europa del Este, en el albor de la Guerra de Irak, y siendo coetánea del proceso constitucional europeo que fue desaprobado en 2005. Precisamente, el rechazo a la Constitución europea, supuso un punto de inflexión para Europa en las relaciones internacionales.

El poder atractivo de la UE, reflejado en su “poder blando” ha resultado muy estimulante dentro del continente europeo, tal y como han puesto de manifiesto los nuevos Estados miembros al adoptar el “acervo comunitario”. Sin embargo, más allá de las fronteras europeas, el modelo europeo no despierta atención entre las grandes potencias. El poder blando ha generado un debate relativo a una supuesta “superioridad europea” reflejada en unos ideales universales cuyo ejemplo más nítido lo ha representado las políticas exportadoras de democratización. El proceso democratizador no ha sido tan profundo como se esperaba debido a la existencia de alternativas políticas para los Estados en vías de desarrollo como son el capitalismo autoritario.

La devaluación de la influencia europea también se ha manifestado en los foros internacionales. Un elemento central de la política exterior de la UE ha sido la promoción del multilateralismo eficaz que ha pretendido exportar los valores y los principios de la UE con el fin de crear un sistema global en el que se protejan los derechos humanos y el Estado de derecho. Esta característica fue esgrimida por la UE tras aprobarse el Tratado de Lisboa con el fin de tener una mayor participación en NU en base a su peso económico. Sin embargo, la aprobación en la AGNU que le concediera a la UE un mayor grado de implicación en NU en tanto observador especial fue muy arduo. La dificultad de la aprobación se debió a que muchos Estados se negaban a reconocer la excepcionalidad europea porque consideraban que rompía el principio internacional según el cual, los Estados son los únicos sujetos internacionales. La aprobación, puso de manifiesto las fronteras que la UE, en tanto actor sui generis, tiene en el marco de las instituciones internacionales.

Este nuevo escenario ha terminado influyendo sobre las relaciones internacionales, reflejándose en un retorno a la geopolítica clásica comandada por los Estados-nación, a las ganancias absolutas, y a la sustitución de la multilateralidad por la interpolaridad.

III

A lo largo de sus páginas, Beck aboga por superar las barreras culturales e históricas que Europa ha tenido con Turquía. Para Beck, la adhesión de Turquía, no sólo posibilitaría la expansión del cosmopolitismo europeo al mundo musulmán, sino que también permitiría abordar las amenazas internacionales como el terrorismo internacional de manera conjunta. ¿Se atisba una adhesión de Turquía a la UE a corto o medio plazo?

El entusiasmo de Beck para con Turquía también hay que contextualizarlo. Hasta 2005, Europa vivió su “época dorada”. En los primeros años del presente siglo, la UE era vista como un modelo sólido, eficaz e imitable para el resto de actores internacionales, capaz incluso de desafiar a la hegemonía de Estados Unidos. Durante aquella época de esplendor europeo, Turquía estaba muy volcada en su adhesión a la UE.

Sin embargo, las relaciones entre Bruselas y Ankara se han deteriorado en los últimos años a raíz de las negativas europeas a admitir al país euroasiático en el grupo comunitario así como al crecimiento económico turco que ha convertido a este país en un actor independiente, reportándole una política exterior más diversificada.

Turquía parece haberse decantado hacia Oriente después de que Ahmet Davutoglu asumiera la cartera de Exteriores en 2009. Desde entonces Turquía ha impulsado una política de compromiso con la región mediterránea dirigida a reconstruir los vínculos alrededor del antiguo Imperio otomano. La nueva lógica turca estriba en que se había cometido un error al ignorar su vecindad musulmana durante mucho tiempo, pero que una vez reparado el desacierto de estas décadas anteriores, el país ampliará sus intereses convirtiéndole en un actor de relevancia no solamente en el Mediterráneo Oriental sino a nivel mundial dada la inestabilidad existente en la región. Este avance en dinamismo e influencia cambiarán las tornas en las relaciones con la Unión Europea, pues para entonces, será la actitud proactiva de Ankara quien atraiga a la renqueante Bruselas. Turquía ha pasado de ser considerado un apéndice de Europa, a convertirse en un actor independiente e influyente.

Las negociaciones entre la UE y Turquía se atisban cada vez más complejas debido a la existencia de “contradicciones internas y externas”que provocan la división entre ambos actores: a las irresolubles cuestiones griega o chipriota dentro de las fronteras comunitarias, se le añade la nueva visión que Turquía tiene de sí misma y que puede chocar con los principios de la UE. Este escenario parece presagiar que el proceso de adhesión se vaya enfriando y termine por quedar encallado.

IV

Desde finales de 2013, Europa ha vuelto a ser foco de la atención internacional por la crisis que se ha desatado en Ucrania, desembocando la situación en un contexto prebélico. ¿De qué modo podría la UE abordar la crisis ucraniana desde una perspectiva cosmopolita?

Ucrania se ha constituido como el campo de batalla entre dos imperios: uno, de naturaleza universalista, y otro de carácter telúrico.

El Acuerdo de Asociación que no se firmó entre la UE y Ucrania en noviembre de 2013 se debió a que Moscú interpretó la firma como una “cuestión existencial”, dado que Rusia ha estado visualizando los acercamientos que la UE ha llevado a cabo en Europa oriental en términos geopolíticos. Como menciona Sergey Karaganov, la política de puño de hierro de Putin durante la crisis ucraniana, ha obedecido al hecho de que la absorción de Ucrania por Occidente, habría provocado que la posición estratégica rusa se hubiera vuelto intolerable después de las políticas de expansión que la UE y la OTAN habían emprendido hacia el Este de Europa años atrás. Esta visión geopolítica difiere de la europea, dado que Bruselas organizó la Cumbre de Vilnius y los acuerdos de asociaciones con sus vecinos desde una “perspectiva técnica”. La falta de diálogo ocasionó que Rusia atisbara los compromisos como un tipo de competencia de suma cero.

Esa visión geopolítica se traduce en la enorme diferencia que existe entre la UE y la Unión Euroasiática, la cual está estructurada de modo que funcione bajo un esquema de jerarquización y dominación rusa y no como una organización basada en la negociación y el consenso.

La UE debe de revitalizar su poder de atracción cosmopolita no sólo sobre Ucrania, sino también sobre los Estados que componen la EaP, mostrando las ventajas que suponen las sociedades abiertas y los modelos políticos democráticos y liberales en contraposición a los regímenes autoritarios y corruptos. A la par, la UE debe insistir a los Estados de la EaP en los beneficios económicos y el desarrollo sociopolítico que a largo plazo ha supuesto la adhesión al club comunitario de los antiguos países del Pacto de Varsovia. Mientras que en 1991, Ucrania y Polonia contaban con un PIB similar, en la actualidad la economía polaca casi triplica a la ucraniana.

V

Por último, en los últimos años, dentro de la propia UE han surgido movimientos contrarios al proceso cosmopolita como han sido la amenaza británica de abandonar la UE o el fortalecimiento de partidos de corte populista y xenófobo que aspiran a erosionar la solidez del edificio europeo. ¿Qué alternativas cosmopolitas se pueden utilizar para combatir estos fenómenos?

En efecto, el euroescepticismo ha ido cobrando impulso en los últimos años a la par que se ha acentuado la crisis económica europea. Para paliar esta situación, Ulrich Beck ya había abogado por impulsar un proceso constituyente europeo. Se trataría de un proceso contrario al que se llevó a cabo en 2005, diseñado por una serie de tecnócratas alejados de la ciudadanía. Es decir, un proceso constituyente ciudadano, que empoderase a la ciudadanía y que a la postre le reportara un mayor sentimiento de pertenencia a Europa. La existencia de un corpus jurídico en el que la ciudadanía ha participado, supondría la transnacionalización de la misma dado que acrecentaría la relación entre las instituciones europeas y las personas. En definitiva, este proceso constituyente generaría una maximización cosmopolita en los distintos niveles europeos.

La aparición de partidos populistas y la amenaza de una salida por parte de algún Estado miembro de la UE, socava la segunda modernidad, y hay que recordar que la segunda modernidad le ha aportado al continente europeo más de sesenta años de paz y estabilidad. Una erosión de la UE, sería volver a la primera modernidad, a los Estados-nación, y con ello, a la apertura de la Caja de Pandora de la historia bélica europea.

Un caso ilustrativo lo representa la escalada de tensión que hubo en 2010 entre el Gobierno húngaro y el eslovaco. El Gobierno húngaro decidió otorgar la doble nacionalidad a la etnia magiar que habitaba en el extranjero, la cual, podía ser solicitada por medio millón de magiares que vivían en Eslovaquia, lo que representaba el 10% de la población total. Con esta medida, Eslovaquia protestó al entender que Hungría pretendía llevar a cabo un revisionismo irredentista de la historia. He aquí un claro ejemplo de cómo graves desavenencias políticas han podido ser solucionadas pacíficamente cuando los dos Estados involucrados son miembros de la UE.

___

* El autor es jurista, politólogo y experto en relaciones internacionales. En la actualidad investiga sobre seguridad y defensa. Ha cursado estudios en Salamanca, Vilnius (Lituania), Minsk (Bielorrusia) y Madrid. Es miembro del Club de Lectura y del grupo de contenido político del equipo de EQUO para las elecciones europeas de 2014.

** La reseña ha sido preparada para una presentación radiofónica y no escrita.

*** El contenido de la reseña no tiene por qué reflejar los postulados del Club de Lectura.

**** La imagen de portada es la estatua del filósofo Diógenes de Sinope (creador del término “cosmopolitismo” a finales del siglo V a.C. – comienzos del siglo IV a.C.) en la ciudad de Sinope, Turquía.

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Esta entrada fue publicada en marzo 29, 2014 por y etiquetada con , , , .
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